lunes, 7 de julio de 2008

La Calor. 2


Buscando a la fresca.


En las noches incandescentes de Julio y Agosto, Madrid parece una gran paellera de asfalto derritiéndose, de asfalto ligeramente "socarrat".

No queriendo añadir más leña al fuego, permitid, oh madrileños-as y amigos visitantes, que os recomiende algunos de los lugares más fresquitos de la Villa y Corte:


-Junto al Río: Hay algunas terracitas en la zona del Paseo de la Florida y la Colonia del Manzanares, donde se puede gozar de esos dos o tres grados menos que siempre hace a la vera al Manzanares.


-Junto al Viaducto, hay otro par de terracitas donde corre el airecillo que sube desde el río por la C/ Segovia. Tampoco es desdeñable la terraza de Las Vistillas.


-En los parques y jardines, sobre todo en los que tienen riego automático, también tenemos dos o tres grados menos.


-En la Plaza de España, sobre todo debajo de la Torre de Madrid, suele correr el aire a base de bien, ya que los rascacielos tiran hacia abajo el aire que se mueve por las alturas.


-Las cuevas de las viviendas y comercios del centro de Madrid mantienen una temperatura de hasta 10 y 15 grados menos que el resto del edificio.


-Uno puede coger un autobús de largo recorrido, como el circular, y dar vueltas a Madrid leyendo un buen libro y gozando del aire refrigerado.


-En las casas hay que crear corrientes abriendo las ventanas de los extremos de la vivienda.

Se puede prescindir de aires acondicionados insostenibles con una sabia combinación del ventilador y el pulverizador de agua. (Mete el pulverizador lleno de agua en la nevera, y luego rocíate y rocía a tus seres queridos...siempre con garbo y salero rociero.

La calor. 1


"Lo malo es que de noche refresca"


Eso decía el Marqués de la Valdavia, ingenioso madrileñista. "Lo malo del verano en Madrid es que por la noche refresca"

Y es verdad, porque a fuerza de paciencia, meditación y concentración te vas haciendo al calor, y cuando ya estás casi fundido, hecho un sol, va y refresca, y jode que no veas.


En siglos pasados, los madrileños buscaban el frescor de la anochecida en los dos prados, en el Paseo del Prado y en el Prado de Leganitos (actual plaza de España). Así, tonteando con el abanico y el botijo, esperaban a que saliera el calor de las casas para poderse meter en ellas.


En la pre-guerra y en la posguerra, la gente se iba al paseo de Rosales con la bota de vino y la tortilla, dispuestos a beberse los vientos que llegaban del Guadarrama. Hasta los años 60, en algunos barrios populares, cuando las noches se volvían sofocantes, se bajaban los colchones a la calle con toda naturalidad. Entonces los madrileños nos relacionábamos en la calle, no como ahora, que vivimos un tanto aislados en nuestros búnkers de diseño y aire acondicionado.