
De repente, el cielo de Madrid se ha llenado de vencejos que giran y danzan por el zul como un montón de chiquillos en una pista de patinaje. Me da envidia su planeo ágil en anchas espirales de gozo pajaril. He salido al balcón a mirarlos y a escuchar su agudo piar que suena a patio de escuela infantil.
El vencelo común (apus apus) es muy beneficioso para la ciudad, porque se comen los millones de insectos voladores que nos harían la vida imposible de otro modo. Es un pájaro muy especial. Pasa la vida entera volando, salvo el momento de la puesta de huevos. Duerme volando. Se reproduce volando y a gran velocidad (en esto ya no me da envidia). Vienen de Suráfrica, donde han pasado el invierno. Sus garritas no están adaptadas para caminar, por eso si cae al suelo tiene serias dificultades para remontar el vuelo, por lo que hay que ayudarle. Bienvenidos vencejos, al cielo de Madrid.
Foto: anónima.





























