lunes, 31 de agosto de 2009

Casas de comidas: "La Encarnación"


Me gustan las Casas de Comidas, las pocas que nos van quedando, porque en ellas pervive la cocina casera madrileña. Allí preparan la comida nutritiva, sabrosa, la que sienta bien: verduras, ensaladas, purés, sopas, pescados, carnes...una cocina sabia y rica en historia (creada a fuego lento desde el siglo IX en que se fundó nuestra ciudad). Por eso me da rabia que cada vez queden menos y en cambio nuestras calles se llenan de dispensarios de comida basura, donde no hay trabajo esmerado ni amor a la comida, solo hay negocio ramplón.
Por eso me agradan sitios como "La Encarnación" , en la calle Hernani nº 9, con cerca de 6 décadas de antigüedad, con su menú a 9,50 euros, cuyas viandas proceden del vecino Mercado de Maravillas, posiblemente el mejor mercado de Madrid.
Foto: C. Osorio.

domingo, 30 de agosto de 2009

Los últimos artesanos lampareros

José Lucas, restaurador de lámparas, es uno de los últimos artesanos del casco antiguo de Madrid. José arregla lámparas en su taller de La Rosa esquina Ave María desde hace casi tres décadas. Previamente se dedicó a la hostelería fundando un conocido café malasañero: la Tetería de la Abuela.
Hablamos durante largo rato, pues el trabajo solitario del artesano requiere mucho trato con los clientes y vecinos. José lamenta la total falta de apoyo que tienen los últimos artesanos de Madrid y la implantación de un tipo de comercio que nada tiene que ver con los usos y costumbres de los vecinos del lugar (tiendas orientales al por mayor y franquicias multinacionales). Es una charla agradable y sosegada, mientras entra algún cliente a preguntar si existe arreglo para una lámpara singular. Me despido de José y le digo que le haré propaganda:

http://www.lamparas-joselucas.com/

C/ La Rosa nº 1. Tfno: 659 727 118 y 91 3692181




fotos: C. Osorio













Desde hace unos años existe otro taller de lámparas en la zona. Es el taller de Miguel Ángel Daza, otro artesano lamparero instalado en Santa Isabel nº 43. 

sábado, 29 de agosto de 2009

Himno de Madrid

Himno de Madrid: Escrito en 1983 por el filósofo y filólogo Agustín García Calvo, con Música de Pablo Sorozábal (hijo), el Himno de Madrid es un himno diferente, bello, y profundo. Lejos de otros himnos que glorifican la violencia (Els Segadors, Eusko Gudariak), el himno madrileño es un canto a la paz. En este vídeo, lo escuchamos recitado en la voz del bueno de don Agustín.
LETRA HIMNO COMUNIDAD DE MADRID
Yo estaba en el medio:
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
no voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
autónomo, entero!
Mire el sujeto
las vueltas que da el mundo
para estarse quieto.
Yo tengo mi cuerpo:
un triángulo roto en el mapa
por ley o decreto
entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
provincia de toda provincia,
flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
se llevan el resto.
Y a costa de esto,
yo soy el Ente Autónomo último,
el puro y sincero.
¡Viva mi dueño,
que, sólo por ser algo,
¡soy madrileño!
Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí, y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice:
De Madrid, al cielo

martes, 25 de agosto de 2009

Poemas sobre Madrid

 
"Yo puedo decir muchas cosas,
y algunas no.
 No puedo decir: Madrid es mi tierra,
tengo que decir mi cemento,
-y lo siento-."


Gloria Fuertes.

¡Ojalá sea mentira ese rumor que corre sobre el rio
donde peces de plata mueren sin ser pescados!

¡Ojalá sea mentira esa bola
de anhídrido carbónico
que pende bajo el cielo de Madrid!

¡Ojalá sea verdad esa mentira del vidente
que anuncia una tormenta de amor
que acabará con la mala uva...!

Gloria Fuertes


Si clicas en Poemas de Madrid puedes leer una selección de poemas dedicados a Madrid

La mañanita de los traperos y los albañiles (M. F. Sanz)

Las seis los relojes dan;
la mañanita en reata
fluye desde Tetuán
hecha sueño y cabalgata.

Las vaguadas
de Maudes y de Amaniel
abocinan desveladas
somnolencias en tropel.

Son las horas
de la tesitura gris:
de plomo, locomotoras,
a perla, quiquiriquís.

Asoma por las guardillas,
aire, la interrogación
de un madrugón de bombillas
de carbón.

Y un farol atrabiliario
repliega el alma a su almario.

Alunados, casi a oscuras,
loquean los cimbalillos,
mientras se hace por momentos
la luz: parecen diabluras
de duendes y geniecillos
burlones en los conventos.

Huele a lentisco y retama,
a tahona y pan de flama;
y el humo manso acaricia
y, al desperdigarse, inciensa
a la maloliente y densa
procesión de la inmundicia.

La hora del té desquicia
sus tingladillos; la gente
se foguea las entrañas
bebiendo agua de castañas
y aguardiente:
¡Las siete hierbas del toro
del aguardiente!

¡Delta
de Cuatro Caminos,
un carrusel de pollinos
busca el mar dándole vuelta!

Se escalonan los añiles
de las claras, calle abajo,
desfilan los albañiles
hacia el tajo.

Peina el viento
el bisoñé ceniciento
del viejo-verde Madrid.

Manuel Fernández Sanz (Manolito el pollero) (1909-1966)

Las diez y diez


Otra deliciosa estampa captada por Antonio Bueno en las alturas de Alcalá esquina a Sevilla (Edificio Banesto).

Buitre


Un buitre leonado cruza el cielo madrileño. Esta mañana pasaron seis buitres, a cierta distancia uno de otro, planeando lentamente. Hice la foto desde el centro Conde Duque. Siento que apenas se vea (en la esquina superior derecha) pero la camarita que llevaba no daba más de sí. Los buitres pasaron sobre la torre de Madrid y se perdieron en la lejanía.
Todo el mundo sabe que en Madrid hay buitres: buitres de las finanzas, de la especulación, etc...pero también hay de los que vuelan.
Foto: C. Osorio

lunes, 24 de agosto de 2009

El toro de la Gran Vía y otros toros escapados

1- El Toro de la Gran Vía: El 23 de Enero de 1928, un toro llevado al matadero de Legazpi se escapó y se coló en la Gran Vía, causando varios heridos. Pasaba por allí el torero Fortuna, que se quitó el abrigo y estuvo toreando a la res. Fortuna, que vivía cerca de allí, pidió que alguien subiera a su casa y le trajera el estoque. Finalizada la faena "de abrigo" mató al toro limpiamente, de una sola estocada. Fortuna recibió la cruz de la Beneficencia. En la foto, el diestro, ya con el abrigo puesto, rodeado de admiradores.

Foto: Alfonso Sánchez.

¿Hubo más toros sueltos por las calles de Madrid?


Pues sí, ha habido unos cuantos.

2.-El toro de la calle del Toro:
El primero del que se tiene noticia, mezclándose la realidad con la leyenda, es un morlaco alanceado, según unos en unas fiestas reales, según otros por el propio don Rodrigo Díaz de Vivar, "el Cid", junto a la Plaza de la Paja. Parece ser que la cabeza disecada del astado se colocó en una calleja próxima. Cada día al anochecer, a la hora en que había muerto el toro, un potente mugido salía de la cabeza provocando el susto y el estupor entre los transeúntes. Tiempo después se supo que el autor de los "mugidos" era un muchacho que hacía sonar un cuerno al otro lado de la pared, a través de un agujero. El caso es que dicha callejuela pasó a denominarse: calle del Toro.

3.-El toro de Atocha:
En 1928 un toro escapado llegó a la glorieta de Atocha causando un herido grave y varios leves. No había ningún torero por allí para lidiarlo y fue un guardia civil quien, persiguiéndole desde un taxi, le abatíó de un tiro.

4.-El toro de Antonio Sánchez:
Antonio Sánchez, tabernero (de la inigualable taberna que lleva su nombre), torero y pintor, acudió a la plaza de Tirso de Molina (que a principios de siglo se llamaba del Progreso) para lidiar un toro escapado. Lo siguió hasta la plaza de La Cebada y allí dio cuenta de él con solo dos pases, estocada y descabello. La multitud allí congregada le entregó la oreja del toro y lo llevaron a hombros hasta la Plaza de Cascorro.

5.-El toro de la Plaza de España:
En 1973, el matador Luis Segura tuvo la mala ocurrencia de soltar un toro en la Plaza de España, fingiendo que se había escapado, para lidiarlo allí mismo y ganar notoriedad en los medios de comunicación. Lidió y mató al astado, pero se supo que todo había sido un montaje publicitario y acabó en la cárcel.

domingo, 23 de agosto de 2009

Escultura por un tubo


¿Cómo ganar una pasta gansa haciendo esculturas urbanas?
Amigo-a, si es usted constructor y no le basta con la que están armando en Madrid, puede usted tener unos ingresos extra haciendo esculturas para decorar plazas y rontondas. Coja usted los tubos que le han sobrado de hacer canalizaciones, píntelos con pintura sobrante de sus obras y póngalos de cualquier manera allá donde haya perpetrado alguna de sus obras urbanas. Luego cobra usted del consistorio y se presenta a cualquier bienal de escultura estatal para redondear sus ingresos.
¡Ole el arte güeno que no se pué aguantar!
(El desaguisado está en Cea Bermúdez esquina Avda. de Filipinas)
Foto: C. Osorio.

Ciudades sin civilización



"...me pregunto melancólicamente si sería posible aquí una rebelión, un levantamiento cívico que salve a Madrid de expertos y de políticos y de especuladores y le permita ser una ciudad civilizada"



Interesante artículo de Muñoz Molina sobre la ciudad y los ciudadanos. Puedes leerlo aquí:

sábado, 22 de agosto de 2009

El poeta pasea por Madrid (L. López Anglada)

Madrid, si tanto tienes tanto vales
y aunque falto de encinas, te respiro
bebiéndole los vientos al Retito
y al oro del crepúsculo en Rosales.

Con otoños románticos prevales
para permanecer en el suspiro.
¿Dónde vamos, Madrid? A octubre miro
y con sabor de soledad me sales.

Mientras el corazón amarillea
la tarde, que no el cuerpo, me pasea
por las tranquilidades del palacio.

Todo se finge rápido y urgente,
pero yo te recorro lentamente
que las cosas del alma van despacio.

Luis López Anglada

Las estatuas del palacio

Toda la cornisa del palacio de Oriente iba a ser decorada con decenas de estatuas de los reyes españoles. Las estatuas se esculpieron para ser vistas desde muy abajo, por eso sus proporciones están exageradas. Sin embargo, la noche anterior a su colocación, la reina Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, soñó que las estatuas se le caían encima y le aplastaban. Por eso y porque los arquitectos se dieron cuenta de que pesaban demasiado, una parte de las esculturas se instaló en la plaza de Oriente y otra parte en el parque del Retiro, quedando una muestra de ellas en el centro y los laterales del palacio real.
Ya ves que Jubara y Sachetti no se fiaban mucho de que el sueño de la reina fuera solo un sueño: si te fijas, cada estatua tiene un "peazo" hierro sujetándola por detrás.
Fotos: Antonio Bueno.

jueves, 20 de agosto de 2009

Ángeles, reyes y campanas




En la cúspide del Palacio Real habitan bellísimas estatuas obra de los mejores escultores: Pedro de Mena, Roberto Michel....obras realizadas en la fantástica piedra blanca de Colmenar de Oreja.
(Fotos: Antonio Bueno. Del libro: Mitología en los cielos de Madrid. Ed. Lunwerg)

como un halcón

Como un halcón de piedra blanca, la estatua de un antiguo rey avizora la ciudad desde lo alto del Palacio Real. Otra foto de Antonio Bueno.

viernes, 14 de agosto de 2009

Tres sonetos de Bergamín


Tres sonetos madrileños

El gran poeta José Bergamín dedicó tres sonetos a Madrid, encabezados por sendos versos de Lope, Hurtado de Mendoza y Quevedo, que pueden considerarse tres piedras preciosas del tesoro literario de la villa y corte. Bergamín, (Madrid 1897-San Sebastián 1983) es uno de los poetas de la generación del 27 más sorprendentes y menos conocidos.

Anocheció Madrid

“Noche fabricadora de embelecos” (Lope)

Anocheció Madrid que parecía
cubierto del cristal más transparente
que estaba amaneciendo de repente
con tanta claridad como de día

Luces vivas sus calles repartía
poblando la ciudad, más que de gente,
de destellos de luz resplandeciente
que el aire embelesaban de alegría.

El cielo miró arder desde su abismo,
como un diamante en negro terciopelo
Madrid, alma encendida a su espejismo:

ciudad nocturna en urna de su hielo,
Narciso enmascarado de sí mismo,
y Eco, muda de asombro, el mismo cielo.

José Bergamín

Madrid, grande de España te han nombrado

“Madrid, con su buen aire, todo es viento” (Hurtado de Mendoza)

Madrid, grande de España te han nombrado.
A mí más me gustabas cuando chico:
que ahora , con presunción de nuevo rico,
me pareces más pobre que agrandado.

“Torres, desprecio al aire he levantado,
mi grandeza con ellas edifico”,
dices, perdóname si rectifico
tu lenguaje de niño mal criado.

Tus ínfulas son viento, son señuelo,
ardid de pardo gato de tronera,
para arañar, más que rascar el cielo.

Con tu buen aire diste en ventolera:
padeces aerofagia de buñuelo
y flatos de arrogancia verbenera.

José Bergamín

Madrid, tienes moriscas las entrañas

“Fantasma soy en penas detenida” (Quevedo)

Madrid, tienes moriscas las entrañas.
Fuiste corte y no fuiste cortesano.
Y si villa, no ha sido por villano
que capitalizaste las Españas.

Todo lo peregrinas y lo extrañas
desde tu aldeanismo castellano:
que Lope hizo gatuno y sobrehumano
teatro de invisibles musarañas.

A la luz que tus aires aposenta
Cervantes le dio voz, Velázquez brío,
Quevedo sombras, Calderón afrenta

rodeando las llamas su vacío.
Y Goya con sutil mano violenta
máscara de garboso señorío.

José Bergamín.

El español y el paisaje


Si tienes un ratito y te interesa el tema de la destrucción del paisaje en nuestro país, te recomiendo este artículo de Julio Llamazares:

jueves, 13 de agosto de 2009

Paella a mi estilo

Paella mixta a mi estilo

6-8 personas

Ingredientes:

-Un vaso de aceite de oliva virgen
-Tres tazas y media de arroz (unos 700 gramos)
-800 gramos de pollo troceado
-250 gramos de anillas de calamar en trozos
-300 gramos de gamba arrocera
-Dos raspas de pescado
-750 gramos de mejillones (opcional)
-3 o 4 tomates pelados y troceados
-media cebolla
-tres dientes de ajo
-un pimiento rojo
-un pimiento verde
-250 gramos de judías verdes
-tres alcachofas
-150 gramos de guisantes congelados
-Unas 10 hebras de azafrán, colorante alimentario y pimentón dulce (en su defecto, un sobre de condimento paellero)
-sal, perejil, pastilla de caldo vegetal, ramita de romero (estas dos últimas, opcionales).


Preparación previa:

-Pelar las gambas guardando cáscaras y cabezas
-Trocear las verduras
-Pelar y trocear los tomates
-Picar la cebolla
-Limpiar los mejillones
-Machacar en el mortero los tres dientes de ajo con el azafrán, el perejil, una cucharadita de pimentón y dos pizcas de sal


El Caldo:

Cocer brevemente los mejillones en una cazuela pequeña con tres tazas de agua. Reservar.Colar y echar el caldo en la cazuela grande.
Cocer las cáscaras y cabezas de las gambas en la cazuela pequeña con tres tazas de agua. Colar el caldo y echarlo en la cazuela grande.
Añadir dos tazas más de agua, dos pizcas de sal, las dos raspas de pescado, la pastilla de caldo vegetal y colorante alimentario. Hervir un rato y mantener caliente a bajo fuego.

Preparación:

Echar un vaso de aceite en la paellera. Sofreir las gambas durante no más de un minuto y retirarlas. Salar bien el pollo y freirlo durante diez o quince minutos hasta que se dore. Añadir los trozos de calamar y sofreir dos minutos más.
Añadir la verdura: cebolla, pimientos, alcachofas, judías verdes, guisantes, tomates y rehogar durante quince minutos.

Añadir ahora el arroz (tres tazas y media), revolver un poco y regar con el caldo caliente (el doble de caldo que de arroz, es decir: siete tazas)

Añadir el contenido del mortero y la ramita de romero.

Echar otras dos pizcas de sal y comprobar el punto de sal.



En veinte minutos más estará lista la paella. Decorar entonces con las gambas y los mejillones ya hechos. Retirar la paellera del fuego y cubrirla con un trapo limpio. Dejarla reposar durante cinco minutos y servir. Buen provecho.














Centauros


Me acabo de leer este libro del escritor canario Alberto Vázquez Figueroa y me lo he pasado en grande. Una novela histórica sobre un personaje fascinante: el conquistador español Alonso de Ojeda. Una entretenida manera de acercarse a la mayor epopeya humana: la conquista de América.

lunes, 10 de agosto de 2009

Anochecer tras la Puerta de Alcalá


Foto: C. Osorio

"Madrid, Calles de Tradición". Dámaso Alonso

I
¡Oh, calles de Madrid. Tristes callejas
donde el Sol nunca da. Muros sagrados
de los viejos palacios embrujados
por la fuerza del tiempo y las consejas
de las viejas!

II
Sin que la calma de estas calles turbe,
a lo lejos difúndese y palpita
un extraño rumor, rugir de urbe,
de estulta población cosmopolita,
y al pasar a lo viejo del recinto
parece que tres siglos retrasamos.
Sentimos no tener espada al cinto
y un paje que nos guíe por do vamos.

III
¡Calles de tradición! ¡Barrios queridos
por todos los amantes de lo viejo;
bajo cuyos tejados carcomidos
cuelga sus graves nidos el vencejo!
En oscuro rincón se seca un odre
al lado de la antigua tenería.
Cabe una iglesia ráscanse la podre
galloferos y hampones a porfía.
De sus males de amor se plañe un gato.
Pasa una moza en grácil taconeo:
van brotando las sales del floreo
bajo el rojo tacón de su zapato.
Vocea un vendedor sus baratijas.
La tapia de un jardín muestra su hiedra
recubierta de polvo. Y en la piedra
corren a su sabor las sabandijas.
La calma matinal rompe el tañido
de la campana que a la misa avisa,
y cruzan las beatas, con medido
paso, la calle para entrar en misa.
Y bajo el sol de oro madrileño
está la calle triste y adormida,
como una virgen vieja, que en un sueño
se va dejando sin saber la vida.
¡Ay sí, que moriréis! Tiempos reacios
corren hogaño para cosas viejas.
¡Ay sí, que moriréis, viejos palacios!
¡Ay sí, que moriréis, tristes callejas!

IV
Y mientras tanto... ¡puedan vuestros muros
alejarme del ruido ciudadano!
¡Libradme de los tráficos impuros
de ese hormiguero estúpido y malsano!
Dejadme en vuestros plácidos rincones
a la esplendente luz del mediodía
con un extraño acento de elegía
cantar mis más harmónicas canciones.
Dejadme bajo el rayo de Diana,
en las heladas noches invernales
bajo un soñado alféizar de ventana
recitar los más lindos madrigales.

V
¡Qué me importa que el sueño se convierta
en triste realidad, y acongojada
el alma llore por la suerte cierta
al contemplar la gloria ya pasada?
¿Qué importa luego que al albor del día
se esfume la ilusión, y la importuna
verdad venza a la loca fantasía?
¡También el buen Cyrano componía
sus viajes a la Luna!

VI
¡Sí; sois vosotras, calles solitarias
de mi viejo Madrid, calles leales,
las que sobre los labios sois plegarias
y sobre el corazón sois madrigales;
las que dais a mi pobre fantasía
nuevos motivos y cadencias bellas:
calles oscuras bajo el Sol del día
y claras al brillar de las estrellas!
Vosotras me inspiráis: ¡Tristes callejas
donde el Sol nunca da, muros sagrados
de los viejos palacios embrujados
por la fuerza del tiempo y las consejas
de las viejas!

Dámaso Alonso (1918)

¡Madrid! A. Machado.

¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas.

Antonio Machado

martes, 4 de agosto de 2009

Nocturno en El Retiro


Paseo nocturno por El Retiro.
Foto: C. Osorio.

Paseos del Retiro (José García Nieto)

Senderos conocidos,
camino andado

pasé corriendo un día
y ahora despacio.

Amor casi sin nombres,
vestido claro;
amores que ahora vive
el solitario.

Paseos: laberinto
siempre acertado
la mañana venía
tan a la mano.

Como la lluvia luego,
como los pájaros
a las ramas más altas
del alto árbol.

Paseos de mi pecho
acongojado
por idas y venidas
de los que amo.

Quién os tuvera siempre
tan bien trazados
como estos que del tiempo
surgen intactos.

Paseos del Retiro,
verdes, dorados,
hermosamente fuertes
sobre los años,

os quedaréis un día
solos, andados...
y ya no sabréis nunca
del olvidado.

José García Nieto

Insomnio (Dámaso Alonso)

INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

Dámaso Alonso.

Cuádrigas hacia la noche


En el cruce de Sevilla con Alcalá pueden verse estas imágenes que ami me parecen uno de los rincones más sugestivos de Madrid.
Foto: C. Osorio.

El Museo del Prado (Rafael Alberti)

¡El Museo del Prado! ¡Dios mío! Yo tenía
pinares en los ojos y alta mar todavía
con un dolor de playas de amor en un costado,
cuando entré al cielo abierto del Museo del Prado.

¡Oh asombro! ¡Quién pensara que los viejos pintores
pintaron la Pintura con tan claros colores;
que de la vida hicieron una ventana abierta,
no una petrificada naturaleza muerta,
y que Venus fue nácar y jazmín trasparente,
no umbría, como yo creyera ingenuamente!
Perdida de los pinos y de la mar, mi mano
tropezaba los pinos y la mar de Tiziano,
claridades corpóreas jamás imaginadas,
por el pincel del viento desnudas y pintadas.
¿Por qué a mi adolescencia las antiguas figuras
le movieron el sueño misteriosas y oscuras?
Yo no sabía entonces que la vida tuviera
Tintoretto (verano), Veronés (primavera),
ni que las rubias Gracias de pecho enamorado
corrieran por las salas del Museo del Prado.
Las sirenas de Rubens, sus ninfas aldeanas
no eran las ruborosas deidades gaditanas
que por mis mares niños e infantiles florestas
nadaban virginales o bailaban honestas.

Mis recatados ojos agrestes y marinos
se hundieron en los blancos cuerpos grecolatinos.
Y me bañé de Adonis y Venus juntamente
y del líquido rostro de Narciso en la fuente.
Y -¡oh relámpago súbito!- sentí en la sangre mía
arder los litorales de la mitología,
abriéndome en los dioses que alumbró la Pintura
la Belleza su rosa, su clavel la Hermosura.

¡Oh celestial gorjeo! De rodillas, cautivo
del oro más piadoso y añil más pensativo,
caminé las estancias, los alados vergeles
del ángel que a Fra Angélico cortaba los pinceles.
Y comprendí que el alma de la forma era el sueño
de Mantegna, y la gracia, Rafael, y el diseño,
y oí desde tan métricas, armoniosas ventanas
mis andaluzas fuentes de aguas italianas.

Transido de aquel alba, de aquellas claridades,
triste «golfo de sombra», violentas oquedades
rasgadas por un óseo fulgor de calavera,
me ataron a los ímprobos tormentos de Ribera.
La miseria, el desgarro, la preñez, la fatiga,
el tracoma harapiento de la España mendiga,
el pincel como escoba, la luz como cuchillo
me azucaró la grácil abeja de Murillo.
De su célica, rústica, hacendosa, cromada
paleta golondrina María Inmaculada,
penetré al castigado fantasmal verdiseco
de la muerte y la vida subterránea del Greco.
Dejaba lo espantoso español más sombrío
por mis ojos la idea lancinante de un río
que clavara nocturno su espada corredora
contra el pecho elevado, naciente de la aurora.
Las cortinas del alba, los pliegues del celaje
colgaban sus clarísimos duros blancos al traje
del llanamente monje que Zurbarán humana
con el mismo fervor que el pan y la manzana.
¡Oh justo azul, oh nieve severa en lejanía,
trasparentada lumbre, de tan ardiente, fría!
La mano se hace brisa, aura sujeta el lino,
céfiro los colores y el pincel aire fino;
aura, céfiro, brisa, aire, y toda la sala
de Velázquez, pintura pintada por un ala.
¡Oh asombro! ¡Quién creyera que hasta los españoles
pintaron en la sombra tan claros arreboles;
que de su más siniestra charca luciferina
Goya sacara a chorros la luz más cristalina!

Mis oscuros demonios, mi color del infierno
me los llevó el diablo ratoneril y tierno
del Bosco, con su químico fogón de tentaciones
de aladas lavativas y airados escobones.
Por los senderos corren refranes campesinos.
Patinir azulea su albor sobre los pinos.
Y mientras que la muerte guadaña a la jineta,
Brueghel rige en las nubes su funeral trompeta.

El aroma a barnices, a madera encerada,
a ramo de resina fresca recién llorada;
el candor cotidiano de tender los colores
y copiar la paleta de los viejos pintores;
la ilusión de soñarme siquiera un olvidado
Alberti en los rincones del Museo del Prado;
la sorprendente, agónica, desvelada alegría
de buscar la Pintura y hallar la Poesía,
con la pena enterrada de enterrar el dolor
de nacer un poeta por morirse un pintor,
hoy distantes me llevan, y en verso remordido,
a decirte, ¡oh Pintura!, mi amor interrumpido.
Rafael Alberti