Vengo de ver la exposición de Renoir, con los ojos llenos de colores dulces. No podía perdérmela, ya que soy un incondicional de este pintor, y he disfrutado, aunque debo decir que se queda uno con ganas de más, de más cuadros de este genial artista. Ya habíamos visto este año cinco de sus obras maestras en la muestra del impresionismo de la Mapfre. Ahora, el Museo del Prado nos trae la colección Sterling Clark que reúne la obra de las primeras etapas de Renoir, obra que podremos ver hasta el 6 de febrero.
Renoir nos aporta dulzura, suavidad, una sensualidad sana que constituye un canto a la vida, una celebración de la belleza femenina, un regusto por los paisajes llenos de vida latente.
Hace falta esta dulzura, que escasea en el arte y en la vida actual. Hace falta Renoir, un pintor que me fascinaba de niño y me sigue encantando.
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