jueves, 31 de enero de 2013

La corrala de Juan de Urbieta



La corrala de la calle de Juan de Urbieta nº 18, en el barrio de Pacífico, pertenece a la última tanda de corralas que se hicieron en Madrid en la primera parte del siglo XX. 


Las vigas y las balaustradas son de hierro, ya que por entonces la madera había dejado de ser el material sustentante.


La ropa tendida y unas cuantas macetas ponen el toque de color en este patio tan blanco.

Fotos: Carlos Osorio

miércoles, 30 de enero de 2013

La gran chimenea de Juan de Urbieta



Caminando por la calle Juan de Urbieta, en el nº 13 me sorprende una enorme chimenea de ladrillo. 
La chimenea ha quedado encajada entre dos modernos edificios, y una verja la separa de la calle.
Una mujer abre la verja y le pido permiso para entrar.
-Yo te conozco, me dice, he asistido a una de tus visitas guiadas por Madrid.
-¡Caray...También es casualidad...!

Aprovecho para hacer unas fotos y más tarde busco información sobre este curioso vestigio industrial que ha quedado medio olvidado en este lugar.
Se trata de una de las chimeneas industriales más grandes y más curiosas de Madrid. Perteneció a la Fábrica de Vidrio de Artigas.


La construyeron L. Maura y M. de Artigas en 1915.
El remate de la chimenea presenta un interesante juego de formas de ladrillo.


Es un recuerdo de aquel Madrid con vocación industrial que convivía en buena armonía con el Madrid residencial y de servicios.


Mercedes Gómez, en su interesante blog Arte en Madrid también le dedicó una entrada a este monumento industrial.


Fotos: Carlos Osorio.


martes, 29 de enero de 2013

El antiguo Ayuntamiento



Al atardecer, las viejas fachadas de la Plaza de la Villa se beben golosas la luz de miel de las farolas.
Es lo único que puede beberse en esta plaza. Yo creo que es la única plaza de Madrid que no tiene ningún bar.
Bueno, a lo que iba, aquí tenemos el precioso edificio del Ayuntamiento Viejo, que fue construido en 1644 por Juan Gómez de Mora siguiendo instrucciones de Felipe IV.
Es curioso, pero hasta una fecha tan tardía Madrid no tuvo su casa del Ayuntamiento, reuniéndose hasta entonces el Concejo en el pórtico de la iglesia de San Salvador.
En la obra de este característico edificio del Madrid de los Austrias intervinieron también José de Villarreal, Teodoro de Ardemans y José del Olmo.
Fue Juan de Villanueva quien culminó la obra en 1789 haciendo este flamante balcón columnado que da a la calle Mayor, con la finalidad de que los reyes pudieran ver el paso de la procesión del Corpus.


Fotos: Carlos Osorio.

lunes, 28 de enero de 2013

El taller de Santiago


Paseando por la calle de Eduardo Aunós, en la colonia de la Fuente del Berro, el caminante se sorprende al llegar al número 24, donde puede contemplar una serie de esculturas colocadas en el jardín y en la fachada del edificio.


Se trata del estudio de escultura de Santiago de Santiago.
Este artista autodidacta nació en la provincia de Ávila en 1925 y tiene obras en muchas ciudades españolas.


Tic, tic, toc, toc, suena el cincel sobre la piedra.
Muác, suena el labio sobre el labio.

Fotos: Carlos Osorio.


sábado, 26 de enero de 2013

El afilador del barrio


Cada quien se las ingenia como puede para ganarse los garbanzos, y este hombre, ya lo véis, ha montado un tallercito de afilado de cuchillos en el maletero de su coche.
Así va, de restaurante en restaurante, aparcando su coche en la misma puerta y ofreciendo sus servicios:
¡El afiladooooor....!


Foto: Carlos Osorio.

jueves, 24 de enero de 2013

Felipe IV y Sor Margarita



Según cuentan ciertas crónicas, el madrileño convento de San Plácido, en la calle de San Roque, fue escenario en el siglo XVII de la persecución que protagonizó el monarca Felipe IV contra una novicia llamada Sor Margarita de la Cruz
Don Felipe, estando en casa del poderoso caballero don Jerónimo de Villanueva, que lindaba con el citado convento, oyó hablar de una bella novicia llamada Margarita, que acababa de entrar en religión.
El monarca quiso conocerla y al instante se prendó de su belleza, pero ella le advirtió que no tenía intención alguna de andar mariposeando, ni con él ni con nadie de este mundo.
Como no era persona que admitiera un no por respuesta, el soberano siguió con su contumaz asedio sin lograr señal alguna de rendición por parte de la bella.
Entonces decidió colarse de rondón en el cenobio, aprovechando que en la vecina casa de don Jerónimo había un pasadizo que comunicaba con la carbonera del convento.
Enteróse de sus planes la sufrida novicia y se lo comunicó afligida a la superiora. Ésta, tuvo una idea brillante para apagar los ardientes ánimos del fogoso asaltante.

Esa noche, cuando todos aparentemente dormían, entró el rijoso galán en busca de su presa. Subió con sigilo las escaleras y llegó ante la celda de la novicia. La puerta estaba entreabierta y se vislumbraba una tenue luz de cirios. Empujó la puerta Felipe y lo que vio le dejó mucho más pasmado de lo que ya estaba de por sí.


Tumbada en un féretro yacía Sor Margarita mientras las demás monjas velaban el "cadáver"
Tal fue la impresión que se llevó don Felipe, que durante un tiempo se mostró cabizbajo y arrepentido, pensando que aquello era un castigo del cielo.
Fue entonces cuando, al parecer, decidió donar el cuadro del Cristo, uno de los más valiosos cuadros de Velázquez, a este convento. También dicen que obsequió a las religiosas con un reloj cuyas campanadas tocaban a muerto.


La Inquisición, muy molesta por los recientes sucesos de los Alumbrados y quizás también por esta osadía sin parangón del monarca, decidió intervenir. No pudo hacer nada contra el Rey, pero sí contra don Jerónimo de Villanueva a quien trató de desposeer de su condición de religioso.
Para ello, mandó a Roma un correo pidiendo la intervención del Papa, pero el citado correo, por esas cosas que tiene la vida, nunca llegó a su destino.
Sin embargo, la mala fama y el descrédito acompañaron a Villanueva para los restos.

Estos hechos, donde sin duda se mezcla la realidad con la leyenda, dieron mucho de qué hablar y todavía lo dan. En cuanto al cuadro, no está claro si lo donó el monarca o fue don Jerónimo de Villanueva. Lo que sí es cierto es que estuvo aquí, en este convento, hasta que en 1804 lo compró Godoy y tras pasar por varias manos acabó felizmente en el Museo del Prado.



Fotos de internet.


miércoles, 23 de enero de 2013

Santinno



Santinno es un restaurante de Majadahonda con una decoración luminosa y agradable, una carta aceptable sin grandes alharacas y un interesante menú entre semana al precio de 12 €.
Para comer: destacaría las tostas, ensaladas, parrilla de verduras, nachos, trigueros, salmorejo, tiras de pollo o pinchos morunos...y el café capuchino.
El servicio depende del día, a veces amable, a veces no tanto.
Entre la clientela, se puede ver a algún jugador del atleti.
El restaurante cambia a las 24,00 h. convirtiéndose en bar de copas.
Hay sucursales en Pozuelo y Aravaca.
El mencionado se encuentra en C.C. Cerro del Espino, Avda. de las Moreras 42 . 28220 Majadahonda.

Foto: Carlos Osorio






martes, 22 de enero de 2013

El Pasaje del Comercio



En la calle Montera nº 33 se encuentra un olvidado pasaje comercial que en su día se llamó Pasaje de Murga o Pasaje del Comercio.
Lo fundó el empresario Mateo Murga en 1845. Murga encargó su realización al arquitecto Juan Esteban Puerta.


Al igual que el Pasaje de Matheu o los desaparecidos pasajes de Iris o de San Felipe, el pasaje del Comercio pretendía atraer a un público pudiente y elegante.
Pese a un éxito inicial, el pasaje entró pronto en una cierta decadencia. Lo cierto es que el gran público madrileño no estaba por la labor de acudir a este tipo de sitios. 
Suerte parecida corrieron los primeros intentos de grandes almacenes elegantes, como el Mayor-Arenal y el Madrid-París,en los comienzos del siglo XX.


En un principio se destinó a bazar de la Compañía General de Comercio, pero más tarde se convirtió en una vía peatonal y cambió su fisonomía. Fue entonces cuando tuvo un café, el Café del Pasaje,  que gozó de un gran éxito y del que nada ha permanecido.
En 1915 se trasladó aquí la imprenta de González Linera, quien editó la Biblioteca Catón.
Hoy, algunas tiendas de poco lustre se han instalado en este olvidado rincón que comunica Montera con la calle Tres Cruces.


Ojalá llegue el día en que este pasaje recupere su dignidad inicial y sirva de marco a un comercio o a algunos establecimientos de calidad. 
Hoy el pasaje del Comercio no deja de ser una muestra del cierto abandono en que se hallan algunas zonas del centro de Madrid, ante el desinterés de quienes todo lo fían a las leyes del mercado y a una iniciativa privada...de casi todo.


El caminante escucha sus pisadas al cruzar por este tranquilo corredor donde la prisa de las calles próximas parece desvanecerse.


Fotos: Carlos Osorio

lunes, 21 de enero de 2013

El Salón de Té de El Riojano


La pastelería El Riojano, en la calle Mayor nº 10, cuenta con un salón de té clásico y agradable donde con un buen café o un excelente chocolate a la taza se pueden probar sus ricos dulces:
el roscón, los suizos, las pincas, los bartolillos, los croissants, merengues, torrijas, o unos increíbles mazapanes.


Un lugar donde escapar de la ajetreada vida urbana y entregarse a dulces sensaciones.

Fotos: Carlos Osorio.

jueves, 17 de enero de 2013

La Sierra pintada por Martín Rico


El pintor madrileño Martín Rico (1833-1908) fue uno de los pioneros en acercarse a la Sierra para captar la belleza de las cumbres y los pinos del Guadarrama.
Pocos han logrado captar con tanta intensidad el color, la luz y yo diría que hasta el aroma de nuestras montañas.


Estos tres cuadros forman parte de la gran exposición que el Museo del Prado dedica a Martín Rico.
Una muestra que permanecerá abierta hasta el 10 de febrero de 2013.


Esa luz anaranjada y cárdena, es la misma que se queda prendida en las retinas cuando el caminante comienza el regreso desde la Sierra hacia la ciudad.


La exposición del Prado constituye un merecido homenaje a un paisano que tiene un lugar señalado entre los paisajistas de nuestra tierra. En la imagen, el fantástico retrato que le hizo su amigo Sorolla.


miércoles, 16 de enero de 2013

Cestería Julián Boyé



La Cestería de Julián Boyé se abrió en los años setenta en la calle de Murillo nº 8, junto a la plaza de Olavide.
Hoy, las cesterías madrileñas se cuentan con los dedos de una mano, cuando hace medio siglo existían cientos.
Yo creo que nos hemos obsesionado con los materiales contaminantes, como el plástico, y hemos ido olvidando recipientes ecológicos, hechos con fibras vegetales, bellos, útiles y sostenibles.

Hoy día, casi toda la cestería viene de China.
Me contaba un cestero que toda la producción de mimbre de la zona de Cuenca la compran los chinos, se la llevan a su país, allí confeccionan las cestas, las traen a España y las venden a un precio más bajo que el que costaría hacerlas aquí.
¡Qué cosas!


Foto: Carlos Osorio.

martes, 15 de enero de 2013

Sin perder el norte



Los antiguos caminantes tenían sus modos de orientarse, hoy ya casi olvidados.
Fijémonos por ejemplo, en este álamo del parque del Oeste.
En una de sus caras, el árbol está cubierto de musgo.


Ahora damos la vuelta al árbol y vemos que en su cara posterior no hay musgo, está limpio como una patena.

Enseñanza:

La cara que tiene musgo nos indica el norte.

La cara sin musgo nos indica el sur.


Fotos: Carlos Osorio.

lunes, 14 de enero de 2013

Casa Amadeo




Si yo anduviera en misión exploratoria por los desolados parajes de la Antártida, nada me complacería más que encontrarme con una tasca como Casa Amadeo.
Afortunadamente, Casa Amadeo no está en la Antártida, sino en pleno Rastro de Madrid, en la plaza de Cascorro.
Desde 1942 esta taberna es famosa por sus caracoles.
El caracol, molusco que medraba en los amenos huertos de los alrededores de Madrid, tuvo muchos partidarios entre los vecinos de esta villa por su precio accesible y su buena combinación con ricas salsas.


Yo no soy muy de caracoles, lo confieso, pero los de Casa Amadeo me parecen exquisitos.
Además, hoy en día no abundan los sitios donde ofrezcan caracoles, debido a lo trabajoso de su limpieza y preparación.
Pero además, entrar en esta casa es recibir en el ánimo esa vaharada de calorcito y bienestar que solía caracterizar a las tabernas castizas de pro.
El tabernero, Amadeo, es una institución en la tabernería madrileña. Nuestro hombre pasa por ser uno de los más veteranos en su oficio: ¡Lleva 74 años detrás de un mostrador!

"Yo soy un filósofo selvático, no asfáltico" proclama orgulloso.
Su vitalidad, su filosofía, su carisma, enseguida atrapan al paseante.
"Yo soy de Burgos, como el Cid" afirma, y en esta provincia nació, en Adrada de Aza, hace 84 años.
Con diez años empezó a ayudar en las tareas tabernarias y pronto aprendió que la gente no va a las tabernas  a tomar vino, sino a tomar ánimo para seguir bregando.


Eso sí, cuidado con Amadeo, porque a la que te descuidas ya te ha colocado más viandas de las que en principio pensabas tomar.
Pero, total, qué más da, si todo está rico en esta casa: el bacalao, los zarajos, los callos, los torreznos, la morcilla...
Y volviendo a los caracoles, Amadeo no solo te los sirve, sino que te enseña cómo hay que tomarlos:
Es preciso echar la cabeza para atrás al introducirlos en la boca.
Y otro consejillo: la cáscara sirve como cuchara para beber el caldo.


Amadeo está en la plaza de Cascorro nº 18, esperemos que por muchos años.
Hay que disfrutar de esta joya mientras nos dure.

Fotos: Carlos Osorio.

sábado, 12 de enero de 2013

La Gatera de la Villa nº 12



Ya ha salido el número doce de la madrileñísima revista: La gatera de la Villa,
que podemos descargar gratuitamente aquí.

En esta ocasión, La Gatera viene bien servida, con nada menos que 104 páginas llenas de artículos sobre historia y curiosidades de Madrid y una buena selección de fotografías.
Entre los artículos, destacaría el del Pasaje Matheu y el del Hospital de la Princesa.
Gracias, de nuevo, amigos-as de La Gatera, por este atractivo plan de lectura para el fin de semana.

jueves, 10 de enero de 2013

El Teatro de Lara



El Teatro Lara es uno de los pocos teatros decimonónicos que ha llegado hasta nuestros días en su estado original.
Lo construyó en 1880 el empresario Cándido Lara, un industrial que había amasado una fortuna abasteciendo de productos cárnicos al ejército durante las guerras carlistas.
El teatro, integrado en un edificio de viviendas es obra del arquitecto Carlos Velasco, siendo reformado en 1916 por Pedro Mathet.
Su aspecto interior, lleno de detalles ornamentales, al modo de las cilíndricas cajas de bombones de la época, hizo que la gente comenzase a llamarlo "La bombonera de Don Cándido".
No sé si será por mi afición a los bombones, pero prefiero un teatro con forma de bombonera a uno con forma de ataúd (como el nuevo teatro del centro Conde Duque)


Y dado que los bombones son dulces, el Teatro Lara se especializó desde el principio en obras amables que dejasen buen sabor de boca, especialmente comedias.


Aquí se estrenaron obras como Los Intereses creados, de Jacinto Benavente; La Señorita de Trevélez, de Carlos Arniches, El Cancionero de los Hermanos Álvarez Quintero, etc.
Entre las primeras actrices que salieron a escena estaban Lola Membrives, Balvina Valverde, Rosario Pino,
Jerónima Llorente...



El Lara, junto con el teatro del Recreo, fue pionero en programar el teatro por horas:
Se trataba de funciones cómicas de una hora de duración que permitían ofrecer un producto barato y breve en una época en que ir al teatro suponía romper el cerdito y dedicar una tarde entera a la ver la función.


A la muerte de don Cándido lo heredó su hija quien trató de derribarlo para especular con el solar con vistas a sacar fondos para una fundación escolar. La movilización de los vecinos, y la acción de varias personas como el gerente del teatro, Yáñez, o el propio ministro Fernández de los Ríos, lograron salvar el teatro.


Entre 1980 y 1994 el Lara estuvo cerrado temiéndose por su continuidad. Felizmente volvió a ser lo que era, un teatro de comedia, con una programación atractiva y actualizada.


El deterioro del mobiliario, especialmente de las butacas (con más de 60 años de uso) y la ausencia de subvenciones públicas, hicieron que los nuevos dueños plantearan  un curioso sistema para renovar los asientos: el mecenazgo de butacas. Cualquier persona que quisiera apoyar este hermoso enclave de la cultura madrileña, podía "comprar" una butaca que sería sustituida por una nueva en la que se pondría el nombre del donante.


El teatro Lara conserva algunos rincones históricos como el salón del Parnasillo, utilizado por el director y los actores para leer y comentar la obra, el palco que usaron los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII; o los asientos de la clá, destinados a quienes aplaudían para animar al resto del público a hacer lo propio.


El Teatro Lara está en la Corredera de San Pablo nº 15. 


Fotos Teatro Lara: Carlos Osorio.


miércoles, 9 de enero de 2013

El Hospital del Juguete


Me encanta que haya sitios como este donde arreglan juguetes, porque nuestra sociedad se ha acostumbrado a usar y tirar las cosas, llenando los cubos de basura de toneladas de juguetes apenas estrenados.
Por eso, el hospital del juguete tiene un aspecto "sanitario" y otro "educativo"
Este interesante establecimiento se fundó en 1945, y sus precios son sensiblemente inferiores al sanatorio de la anterior entrada.


El Hospital está a cargo de la familia de A. Martínez, quien desarrolló un curioso modelo: "El coche loco" en 1973.



El Hospital del Juguete se halla en la calle de Granada nº 35, metro Pacífico.


Fotos 1 y 2 Ángeles Sanz.

martes, 8 de enero de 2013

El Sanatorio de los Muñecos


Siempre me ha llamado la atención este hospital de muñecos de la calle Preciados. Es lógico que exista un sanatorio de este tipo, ya que los muñecos sufren muchos más accidentes que los humanos, todo el día volando hacia el cesto de los juguetes, o cayendo al suelo en mil y una posturas desde la cama de su "cuidador"
Aquí permanece, desde 1916, y, por el momento, se ha salvado de la privatización de la Sanidad emprendida por la Comunidad.


El Sanatorio está en Preciados nº 21, cerca de la Plaza de Callao. 


Fotos: Carlos Osorio.