08,30 h. Me pongo el chándal y salgo a corretear. En los alrededores de la Plaza de España y el templo de Debod el suelo está alfombrado por miles y miles de envases de bebidas. La noche en blanco,
más que un evento cultural parece que ha sido un macrobotellón. Estoy a favor de la noche en blanco. Me gusta que la gente salga y se reúna y se comunique. Pero yo la haría de otra manera. En vez de tanta performance de tercera categoría y tanto show de los trileros culturales, pondría buenos conciertos, buenas verbenas para bailar, buen teatro de calle, buenos actos deportivos. Buscaría la calidad más que la "novedad".
Un gran despliegue de luces de colores ilumianaba anoche la Gran Vía. Los focos apuntaban hacia arriba.
Si iluminaran lo que hay abajo se vería lo que ellos no quieren ver: los indigentes durmiendo en los portales, las mujeres prostituídas, las mafias de la droga, la basura, las zanjas, las pintadas y los carteles. Se vería el deterioro de la Gran Vía: los cines que desaparecen, las buenas cafeterías sustituídas por franquicias de medio pelo y hamburgueserías, las tiendas de ropa elegante convertidas en centros comerciales de ropita de usar y tirar...
Da gusto correr por los caminos de tierra en el Parque del Oeste. La fresca brisa del otoño recién llegado acaricia mi cara. Madrid no tiene término medio: del calor al frío y viceversa.
Es un gran mérito que los madrileños seamos tan moderados con un clima tan extremista.
Doy un salto para evitar pisar a un caracol que atraviesa el camino lentamente.
Es raro ver un pausado caracol en una ciudad tan apresurada como la nuestra. Pero más raro es lo que veo a continuación: ¡Un conejo! Un conejo trata de beber agua en una boca de riego. No sé cómo habrá llegado hasta aquí. Vendrá de la vecina Casa de Campo o lo habrá soltado alguien que se ha cansado de su mascota. El caso es que parece un conejo de monte. Sé que en el parque del Oeste crían los mapaches, aunque aún no los he visto. También está lleno de cotorras. Es la nueva fauna que nace de la costumbre de abandonar las mascotas.
De vuelta a casa, me embriaga el aroma a churros recién fritos de la churrería "La Maja" y me acerco a una panadería donde hacen pan del bueno, no pre-congelado. Para pre-congelado, el aire de la mañana.