miércoles, 16 de mayo de 2012

Burrolandia, 1


Burrolandia es una ONG que trata de evitar la extinción de los burros. Están en Tres Cantos, cerca del castillo de Viñuelas. El paseante descubre con alegre sorpresa a un montón de cuadrúpedos lanudos que hacen las delicias de muchos niños, y estos, a su vez, hacen las delicias de los burritos con mimos y con nutritivas zanahorias.


En una pequeña finca, junto al Canal de Isabel II, los últimos burros de nuestra tierra tienen un lugar donde se les cuida y se les quiere. Cerca de allí pasa impetuoso el tren de alta velocidad: La España de ayer y la de hoy.


Para llegar, desde Madrid, hay que coger la M-607, autovía de Colmenar, y en la primera entrada a Tres Cantos, seguir las indicaciones hacia el castillo de Viñuelas. Un poco más allá de la entrada a la finca de Viñuelas hay una pista de tierra a la izquierda. Unos carteles indican que Burrolandia está cerca, a unos 200 metros. 30 metros de llegar hay un aparcamiento. Las visitas son únicamente los domingos de 11 a 14 horas.


Fotos: Carlos Osorio

2 comentarios:

Don Bernardino dijo...

Tuve mi primera experiencia 'borriquera' a los siete u ocho años, a mediados de los sesenta, durante unas vacaciones de verano que pasé en un pueblo de la provincia de Ávila (Navalperal de Pinares). Hice amistad con un niño de mi edad, Pedrito (fíjate si me marcó esa anécdota que aún recuerdo su nombre), que tenía un burrito y yo en cambio tenía una bicicleta Orbea que me habían regalado para la ocasión. Él no había montado nunca en bici y yo no había visto nunca un burro 'en directo'. Así que hicimos intercambio, él se pegaba los castañazos con la bici y yo me caía del pollino cada dos por tres. Y éramos los niños más felices del mundo, hasta que mis padres decidieron que había que deshacer el trato. Pero Pedrito me siguió enseñando muchas cosas: cómo ordeñar y pastorear a las vacas, cómo se segaban las eras, cómo coger piñas de los pinos ... ¿Qué habrá sido de el?

el osorio dijo...

Hermosos recuerdos, don Bernardino. Muy simpática la escena de las caídas, me la estoy imaginando, digna de una de aquellas maravillosas películas de Berlanga. Fue hermoso conocer el campo y las tareas agropecuarias, los que hemos tenido esa suerte.