Jardincillos locos. 2



Caminando por la calle del Divino Pastor me sorprenden unas hierbezuelas silvestres que osan crecer entre los adoquines de la calzada agitando sus hojuelas con una desenvoltura que raya en alegre desvergüenza.


Ingenuas e inconscientes, las unas acaban bajo las llantas de los coches y las otras encuentran sus vericuetos donde medrar airosas.


Tan concretas y tan abstractas ¡Son tan bellas...


y tan jugosas...! que si fuera un cordero me las comería.
Tienen suerte de que soy tan solo un curioso caminante que llega, saluda y se va.


Fotos: Carlos Osorio.



Comentarios

Campurriana ha dicho que…
Bonito post.

Entradas populares