lunes, 29 de agosto de 2011

El tercer tramo: De Callao a Plaza de España


Este tramo se llamó hasta 1937 avenida de Eduardo Dato. En la guerra civil se llamó Avda. de México. Para hacerlo se derribó el mercado de los mostenses, de hierro y cristal, sin que hiciera ninguna falta. Solo porque les parecía “antiguo”. Es una zona de cines, cafeterías a la americana, comercios y oficinas. Arquitectura más moderna, de influencia netamente.americana.
Estilos arquitectónicos: Por un lado el racionalismo y la generación de 1925 (Feduchi y Eced, Casto Fdez, Shaw, Luis Gutiérrez Soto). Por otro lado la autarquía, que asume ideas de la modernidad pero siempre con la retórica del régimen de Franco. (Hermanos Otamendi)
Posteriormente, a mediados de los 50, vendría la nueva escuela de Madrid (Fisac, Oiza) crítica con la Gran Vía y que siginificaba el triunfo de la arquitectura funcional contemporánea.
La ruptura de este tramo de la Gran Via con los barrios que la circundan, actuando como muralla, la excesiva altura de algunos edificios y la prolongada pendiente, hacen que este tercer tramo sea algo menos atractivo que los dos anteriores, si bien existen edificios del mayor interés, como el Capitol.
En la actualidad, el cierre de varios cines y la implantación de comercios de baja calidad, unidos a un cierto abandono de la zona, han deteriorado un tanto esta parte.

Foto: Carlos Osorio

4 comentarios:

Gliphe dijo...

Felicidades por el blog.Sin duda alguna era lo que estaba buscando por la blogosfera. Ahora, cada vez que pase por algunos de estos lugares me detendré algo más a contemplarlos sabiendo las historias que corren por sus tuberías.

el osorio dijo...

Gracias, Cliphe.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, es el peor tramo de la Gran Vía... ¡y eso que el Edifico Carrión es mi favorito!

el osorio dijo...

El edificio Carrión, también conocido popularmente como Capitol es de los mejores, si no el mejor, de la Gran Via. En este tramo hay unos cuantos desaciertos, debidos a la falta de presupuesto, al desinterés por la belleza y al fanatismo con que se acogió la llegada de teorías racionalistas y funcionalistas.