martes, 20 de diciembre de 2011

El enigma del sótano de la ferretería


Cierto dia, la dueña de la ferretería de Atocha nº 57 me comentó que, según había oído contar, en el sótano de la tienda se hallaba una bóveda ojival que habría pertenecido a una antigua iglesia.
Aquello picó mi curiosidad, como no podía ser de otra manera, y le pedí permiso para ver la cueva. Me dijo que era imposible. Pero no me resigné. Cada vez que iba a la ferretería a comprar tornillos, aprovechaba para recordarle lo de la cueva. “Algún día se podrá entrar” me respondía. Pasaron tres años y, por fin un día, la ferretera me dijo: “Vente la semana que viene, que vamos a despejar la entrada del sótano”. Llegado el día indicado, levanté la trampilla de madera y bajé los escalones. La cueva, estaba hecha en ladrillo macizo. Me fijé en los techos y no reconocí ningún resto que pudiera pertenecer a iglesia alguna. La decepción se iba apoderando de mí. Aquello parecía tan solo una típica cueva del casco antiguo de Madrid que, casi con certeza, pertenecería a la época de construcción del edificio: 1887. 


 Para salir de dudas consulté con mi arquitecto de cabecera: José Luis Alonso. El tampoco creía que hubiese restos de ninguna construcción anterior. ¿Tal vez, me pregunto, los constructores del edificio de 1887 reprodujeron la forma de unas bóvedas anteriores? José Luis nos ilustra acerca de este tipo de bóvedas:
“Este tipo de cuevas abovedadas eran el resultado de crear unos arcos de descarga en la cimentación.  Por medio de los arcos y bovedas se llevaban las cargas verticales a donde mejor les convenía: aprovechando el vaciado del sótano acodalaban contra la pared arcos de descarga de las fuerzas gravitatorias de arriba, además de trasmitirlas al suelo por medio de una especie de cimiento ciclópeo de piedra y cal.
Esto permite que a partir de la planta baja, siempre teniendo en cuenta las bovedas de abajo, se replantee una estructura vertical no estrictamente sujeta a la cimentación y por tanto con más flexibilidad a la hora de situar pilares. Tampoco conviene olvidar que salvo los muros de fachada que eran, generalmente, de buena fábrica, los muros interiores eran de entramado de madera y yesones y sus cargas se reparten por los pies derechos pero también por los cuajados.
En cuanto al posible aprovechamiento, diría que es posible se hayan adaptado a cuevas pre-existentes. El ladrillo por lo que se aprecia por las fotos es del XIX; ya en esta época se empezó a utilizar el ladrillo para abovedar los cimientos.  Antes, y yo me he encontrado algún caso, las bóvedas estaban excavadas en la mismita tierra, después le aplicaban una gruesa de yeso fuerte y ...andando”
 
Bien, esto es lo que hemos podido averiguar sobre el sótano de la ferretería. Pero ¿Qué es lo que hubo aquí anteriormente? Pues, la ferretera no andaba muy desencaminada, aquí hubo una iglesia: la iglesia del Real Colegio de Loreto.




Fotos: Carlos Osorio


4 comentarios:

mar dijo...

Vaya! Que cosas más curiosas.
Bonita entrada.

Mercedes dijo...

Hola Carlos, qué bonito.
Allí al lado, bajo el nº 55, se encontró en los años 70 un pasadizo que no se sabe a qué correspondía exactamente. No parece descabellado que queden restos del pasado o que se utilizaran antiguas cuevas al construir nuevos edificios...

el osorio dijo...

Hola Mar, hola Mercedes. La verdad es que hay muchas cosas por descubrir en nuestro Madrid.

m dijo...

Gracias Carlos por compartir este misterio :)