lunes, 14 de diciembre de 2015

Una historia de amor real



El rey Fernando VI se casó con Bárbara de Braganza por conveniencias dinásticas, como exigían las necesidades políticas de España. No obstante, al conocerse mutuamente, los contrayentes se sintieron atraídos y formaron desde entonces una pareja unida. Unidos en la vida y unidos tras su muerte.

Si bien su aspecto físico no era muy agraciado, Bárbara fue una mujer culta, sensible, afable y una excelente política.
El reinado de Fernando VI y Bárbara de Braganza fue el inicio de una magnífica etapa de progreso y de paz para España, que fue continuada por el hermano de Fernando, Carlos III. 
Evitaron las guerras, que habían arruinado el país, y se centraron en la creación de trabajo, industria, arte, educación y cultura.
La larga enfermedad que llevó a Bárbara a la tumba hizo que el rey Fernando enloqueciera al sentir que la perdía para siempre.


No quisieron ser enterrados en el panteón de reyes de El Escorial. Ambos yacen en la iglesia madrileña de Santa Bárbara. Pared con pared, el sepulcro de Fernando VI y el de Bárbara de Braganza están unidos.
Sus nombres, igualmente, permanecen unidos en una calle de Madrid. La mitad de la calle se llama Bárbara de Braganza y la otra mitad: Fernando VI.