domingo, 21 de junio de 2009

Amparo, la florista


Siempre que salgo del metro de Goya, lo primero que veo es la sonrisa de Amparo, rodeada de rosas y claveles.
Esta mujer encantadora lleva 41 años vendiendo flores en la esquina de Narváez con Felipe II.
En cierta ocasión, un funcionario del Ayuntamiento la quiso echar de allí, alegando irregularidades en el permiso. La gente del barrio apoyó a Amparo y recogieron firmas para que se quedara, y se quedó.
A veces, cuando voy a ver a mi madre le compro unas flores y hablamos un poco: me cuenta lo difícil que le resulta sobrellevar unas desgracias que ha habido en su familia. Pero enseguida vuelve a lucir su sonrisa.
Amparo, al igual que mucha gente humilde madrileña, lo está pasando mal, porque con la crisis se venden muy pocas flores.
Foto: C. Osorio.

3 comentarios:

danimetrero dijo...

A mi por supuesto que me da pena, pero creo que no es justo para los que pagan sus impuestos y cumplen la ley, desconozco la historia de esta mujer , pero poner un negocio en Goya es caro.
En su dia denuncié el negocio de las flores en mi blog, es mi punto de vista.
http://nosolometro.blogspot.com/2009/03/el-negocio-ilegal-y-descarado-de-las.html

el osorio dijo...

Es un tema complejo. Hay que tener en cuenta que los puestos de flores son anteriores en el tiempo a las floristerías fijas, que empiezan en el siglo XX. En todo caso, cumplen una función social y no son antagónicos, sino complementarios. Además, mejoran la estética urbana y crean tejido social.

danimetrero dijo...

visto asi, quizas tengas razon, un saludo.