martes, 2 de marzo de 2010

Ultramarinos


Las mantequerías o colmados se llaman "ultramarinos" porque se especializaron en vender productos que venían de ultramar, de las colonias españolas en América, fundamentalmente

Buena parte de las mantequerías, ultramarinos y lecherías han desaparecido a causa de la implantación de supermercados y grandes superficies. Con aquellas tiendas entrañables va desapareciendo una forma de comprar y de relacionarse. Los ultramarinos no sólo son tiendas de pitanza. Desde siempre, han servido para que la gente se conociera y se comunicara. Mientras esperaban su turno, las señoras hablaban de sus cosas, del colegio de los niños, de la eficacia de las recetas para el catarro o para hacer un guiso…Los tenderos, por su parte, ofrecían información sobre la actualidad, sobre el barrio, y a veces ponían en contacto al que buscaba trabajo con el que lo ofrecía.

Todo este mundo ha sido sustituido por las grandes cadenas comerciales donde la compra es un acto mecánico e individualista. Afortunadamente, aún queda un puñado de ultramarinos y mantequerías en los que podemos revivir el sistema de compra tradicional
En las imágenes, Ultramarinos José Gascón, en la calle Zurbano, 65. Uno de nuestros ultramarinos más bellos, con un esmerado trabajo de ebanistería, vidriería y rotulación en su excelente portada hecha en 1931.

Fotos: Carlos Osorio

4 comentarios:

Cecilia Alameda Sol dijo...

Quedan algunos también en otras calles. Uno en Alonso Cano,cerca del mercado de abastos. Otros han desaparecido. Quizás no han sabido competir, con ofertas, con especialización. El público valora la cercanía, pero también las promociones y los precios bajos.

mcarmen dijo...

Aparte de por las razones que comentas, me gusta entrar en este tipo de tiendas, por su estética. Ya no se hacen las cosas con tanto cuidado y esmero, y no me refiero sólo a las tiendas de chinos... una pena.

Don Bernardino dijo...

En el otoño del año 2002 descubrí un bar o tapería muy amplio y precioso en la calle Lope de Rueda esquina a Doctor Castelo. Me llamó la atención sobre todo la carpintería de la fachada y del interior, creo que era de roble, antigua pero perfectamente restaurada, al estilo de la fotografía que publicas. El bar sin embargo estaba recién inaugurado por unos chicos jóvenes que se habían hecho cargo del local. Me explicaron que antes había sido una tienda de ultramarinos y que dándose cuenta de su potencial habían restaurado todos los elementos antiguos, eliminando capas de pintura sobre la madera, conservando los enormes escaparates acristalados incluso con sus vitrinas y estantes e incluso mandando hacer a imagen del artesonado todos los elementos nuevos del interior (barra, veladores, mamparas, etc.) Me sorprendió el buen gusto y el respeto por la historia, así que durante un tiempo fui un cliente fiel. Pero dejé de ir por diferentes motivos y cuando al cabo de un par de años volví un día, me encontré que había cambiado de dueños y los nuevos no habían tenido mejor ocurrencia que pintar con Titanlux rojo inglés toda la madera que antes se había restaurado. No sé cómo estará ahora, según Google Maps su actual nombre es "El capricho de la cañería", pero para evitarme disgustos prefiero ni asomarme.

el osorio dijo...

Cecilia, el que comentas de Alonso Cano es Gómez, en la esquina con García de Paredes. Quedan una veintena larga de ultramarinos históricos y otros de época más reciente. Hoy por hoy los precios no son muy diferentes que en otro tipo de comercios. hay cosas más caras, es verdad, pero son de más calidad. No sé si es posible que un "enano" compita en igualdad de condiciones contra unos gigantes que, además, vienen respaldados por multinacionales.
He estado alguna vez en El Capricho, don Bernardino, y es un bareto aceptable. Efectivamente fue una mala idea pintar la madera vista.