lunes, 11 de mayo de 2009

El silencio de los organillos

El típico instrumento de nuestras verbenas populares va desapareciendo poco a poco, pese a que los madrileños siempre hemos profesado un gran cariño a estos bulliciosos cajones musicales. Los organilleros más conocidos fueron los Apruzzese, que en 1898 llegaron a Salamanca desde Caserta, (Italia). Antonio Apruzzese se vino de Salamnca a Madrid y conoció a su esposa, María, en el merendero del Canal. Antonio instaló su casa de fabricación y alquiler de organillos en la Carrera de San Francisco. Allí trabajaban siete u ocho empleados. Los organillos se hacían de seis o de diez canciones. El más famoso fue “el abuelo” uno de los instrumentos que la familia se trajo de Italia. A su muerte, en 1995, Fernando Ochoa continuó con la empresa. En 2008 se cerró el negocio y Ochoa ofreció la histórica colección de organillos al Ayuntamiento y a la Comunidad, pero éstos no mostraron interés por la misma. Hace ya cinco años que el Ayuntamiento no alquila prácticamente organillos para las fiestas de Madrid, y si se escuchan en algunas verbenas es porque se ponen discos por megafonía.
Es curioso. Basta contemplar la imagen de uno de estos simpáticos pianitos mecánicos, para que la música suene en tu cabeza durante largo rato...¿Tendremos los madrileños un organillo genético en la cabeza?

Foto: fundación Joaquín Díaz.

5 comentarios:

karlinski dijo...

Para la adecuación de esos simpáticos artefactos mecánicos a la New Age digital, sugiero que algún ingeniero emprendedor y generoso se ocupe de la manera de incorporarles un Chip con la música en formato OGG.
http://es.wikipedia.org/wiki/OGG
De esta manera la artesanía tradicional y la mecánica renacentista serían complementadas con lo mejor de las tecnologías de Last Generation. Ello permitiría la supervivencia del simpático instrumento vervenero, e incluso una proyección mundial de tan castiza invención.
Considero indispensable en tal empresa el evitar cualquier inmiscusión en el asunto de Microsoft, Intel, Apple, Sony y demás engendros con delirios de monopolio universal de las tecnologías.
Amén.

Mario Villagrasa dijo...

Buenas a todos, me encantan los organillos y estoy de acuerdo y apoyo en que esta tradición se mantenga, pero no se como poner mi granito de arena.
Aunque si analizamos la situación, no hay mucha esperanza de que esto se mantenga, ya que las nuevas generaciones, no se preocupan por sus tradiciones ni orígenes. Este verano he estado buscando un organillo por las zonas mas castizas de Madrid ya que me gustaría aprender a tocarlos y a arreglarlos. Intenté ponerme en contacto con el dueño del taller de la Carrera de San Francisco, que ya ha cerrado, desgraciádamente, no hubo respuesta, asi que como vi que la única manera de tocar un organillo era tener uno, utilicé mis ahorrillos para comprarme uno pequeño, ya lo tengo, y es una preciosidad. Cuando celebren San Isidro en mi barrio lo llevaré para dar a conocer su maravillosa música y el instrumento ya que no puedo llevarlo a la romería de Madrid porque pesa mucho, quien sabe, alomejor poco a poco vuelve a haber organillos en las calles de Madrid.
Saludos:
Mario V.

el osorio dijo...

Enhorabuena por tu compra , Mario. Ojalá tenga oportunidad de escucharlo. Creo que solo por gente como tú se conservará su música.

Mario Villagrasa dijo...

Gracias, el osorio. Voy a ver si para la semana que viene puedo subir algún video de el organillo a mi canal de you tube y pongo aquí el enlace para que lo puedas oir, porque también voy a aprovechar para subir videos de como desmontarlo para arreglarlo, sustituirle alguna pieza... ya que cuando he buscado esto no había nada sobre el tema, solo en un video de you tube en el que vendian uno te decian como sacarle el rodillo, a ver si yo aprendo un poco más. Saludos:
Mario V.

Mario Villagrasa dijo...

Hola a todos, soy yo de nuevo y, como dije en el anterior comentario, he subido un video de el organillo que me compré para que podais escucharlo si quereis, es una preciosidad:

http://www.youtube.com/watch?v=Szg9CX-2x8I

Saludos:
Mario V.